Las emociones de los #perros se reflejan en su rostro (y las personas podemos leerlas)

Los muchos años de compañía evolutiva entre el perro y el ser humano ha suscitado la comprensión mutua de nuestros estados emocionales y, en el caso particular del hombre hacia el perro, la habilidad cognitiva y empática de reconocer con cierta precisión su estado anímico.

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Para quienes tenemos perros como miembros de nuestras familias, nos resulta ievidente que entre el lenguaje de los perros y el del hombre existe una zona común, casi empática, que permite, por ejemplo, comportamientos como la obediencia pero también la preocupación recíproca y el entendimiento de estados anímicos.

Sin embargo, es muy común que al compartir nuestra experiencia con quienes no tienen perros, este entendimiento sea cuestionado, por tratarse de algo muy subjetivo.

Un estudio de la Universidad Walden de Florida, ha mostrado que el ser humano es capaz de reconocer emociones en el rostro de los perros, identificándolas con un alto grado de precisión, lo cual muestra que nuestra habilidad empática no sólo se aplica a nuestras mascotas sino a los perros en general, e incluso también a otras especies.

En la investigación, Tina Bloom y Harris Friedman tomaron fotografías a un pastor belga de cinco años de edad y de nombre Mal, el cual recibió entrenamiento como perro de vigilancia. Las imágenes correspondían a distintas reacciones por parte del animal, el cual fue sometido a sendos estímulos para suscitar distintas expresiones faciales. Así, por ejemplo, los científicos lo elogiaron para provocar una reacción de felicidad y lo reprimieron para hacerlo sentir triste (o al menos eso que en la realidad humana definimos como felicidad y como tristeza), además de otras respuestas emotivas como el enojo y el miedo.

Acto seguido, Bloom y su colega mostraron las fotografías a una serie de voluntarios, pidiéndoles que señalaran la emoción que detectaban en el rostro de Mal. Según los resultados, la felicidad fue el estado identificado más fácilmente, con un 88% de aciertos; siguieron el miedo y la tristeza, con 45% y 37%, respectivamente, y al final el desagrado, con 13%.

Curiosamente, el estudio también mostró que las personas que no poseen perros fueron más acertadas al momento de identificar las emociones, lo cual, según se deduce en el sitio PopSci, podría ser expresión del autoengaño en que a veces incurren los propietarios de perros que prefieren ignorar o disimular el enojo o el disgusto de sus mascotas, aunque también puede ser que la habilidad de reconocer emociones sea algo innato y no aprendido.

 

Con un proceso de domesticación que se calcula en más de 30 mil años, los perros y los seres humanos han tenido tiempo de sobra para acompañarse y comprenderse, creando un vínculo de notable comprensión mutua que, según los estudios, puede llegar incluso a la telepatía.

 

 

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