5 Lecciones de Amor verdadero que aprendí de mi perro

Es muy difícil para quien no ha tenido y amado a una mascota como parte de su familia, entender lo que estos seres maravillosos nos enseñan sobre el amor verdadero. Compartimos algunos de estos aprendizajes que en ellos se dan en modo natural; y de los cuales podríamos beneficiarnos con sólo estar más atentos y conscientes:

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1. Hacer saber a quienes amamos que su mera presencia nos hace felices.
A menudo los humanos nos dejamos invadir por situaciones cotidianas que nos producen estrés y otros sentimientos negativos; y olvidamos que poder amar a nuestros seres queridos es en sí mismo motivo de una gran felicidad. Cuando demostramos el amor logramos que ese sentimiento brille por sobre todo lo demás, haciéndonos un gran bien a nosotros y a quienes nos rodean. No hacen falta grandes poemas ni regalos presupuntuosos y no se trata de algo que se otorga en fechas especiales. El amor verdadero se muestra con todo nuestro ser. Cuando nos permitimos sentirlo en su forma pura (como lo hacen nuestras mascotas), entonces nuestras palabras, nuestros silencios, nuestras miradas, nuestro cuerpo entero se inundan de él.

2. Satisfacer nuestras necesidades es una condición necesaria para amar saludablemente.
Con sólo observar a nuestras mascotas es fácil detectar que por muy maravilloso que sea amar, esto no reemplaza sus necesidades de comida, aire libre, ejercicio, controles médicos, higiene , socialización y otras. De esto se desprende algo muy simple, pero que a veces nos cuesta entenderlo. Para amar saludablemente a otro, necesitamos estar bien nosotros… y amarnos a nosotros mismos.

3. Ser siempre fieles a quienes amamos.
Puede que haya acuerdos y desacuerdos, enojos y reconciliaciones, pero la fidelidad de un perro nunca entrará en cuestionamiento si el sentimiento de amor es verdadero. Y no hablamos de ser fieles en el sentido más limitado de la palabra, sino de no dejar que las turbulencias pongan en duda la fuerza del amor que sentimos hacia nuestros seres queridos. Y mostrarlo en nuestros actos, en los buenos y malos momentos.

4. Ante el sufrimiento, un abrazo y compañía silenciosa valen más que mil frases hechas.
Quien haya amado a una mascota, sabrá que no hay consuelo mayor que su compañía cuando estamos mal. Y es que ellos están en plena conexión con sus sentimientos y los nuestros, y no intentan pedirnos que sintamos algo distinto. Simplemente se limitan a acompañar en el dolor, y lo entienden y transmiten con actitudes y miradas. En este sentido pareciera que los humanos y nuestra necesidad de escaparle al dolor propio o ajeno, tenemos mucho para aprender de nuestros perros y gatos.

5. Amar incondicionalmente.
Somos seres imperfectos y a veces nos equivocamos. Pero un perro jamás pondrá en duda su amor por ello. Los humanos en cambio tenemos cada vez menos tolerancia a los errores, y en ocasiones logramos que pequeñas situaciones de descontento se interpongan en nuestras demostraciones de amor. La moraleja en este caso sería que cuando el amor es verdadero, no lo dejemos resquebrajar por pretender la perfección del otro, que por cierto no es cualidad de ningún ser humano.

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